ROL DEL PADRE
PADRE PRESENTE MUCHO MAS QUE UN SEGUNDO PLANO
Por un largo periodo, la imagen del padre en el cuidado de los niños fue la de un proveedor, una persona que iba a trabajar mientras que la madre cuidaba al niño. No obstante, los tiempos han cambiado y con ellos ha transformado también la manera en que percibimos y experimentamos la paternidad. En la actualidad, el papel del padre es más activo, presente y emocional que nunca, y es absolutamente esencial. No es únicamente una cuestión de "ayudar" a la madre, sino de asumir un papel concreto y comprometido en la vida del hijo desde el primer día. La paternidad no comienza cuando el niño aprende a montar en bicicleta o a caminar. Se inicia desde el embarazo, con la presencia, el acompañamiento y la participación en cada pequeño detalle. Ya es ser padre el estar presente en las ecografías, informarse acerca del parto, involucrarse en la toma de decisiones, brindar apoyo emocional a la madre y establecer una conexión con el bebé que aún no ha nacido. En ocasiones, los padres sienten inseguridad o creen que durante los primeros meses no tienen un rol claro, especialmente en cuestiones como el sueño del bebé o la lactancia, en las cuales parece que todo se centra en la madre. Sin embargo, lo cierto es que su papel es esencial: cuidar, contener y sostener el entorno; estar a disposición para cualquier cosa que se necesite, como cargar al bebé, calmarlo, cambiar pañales, preparar comidas o simplemente hacer compañía.. Todo eso también es educar. Asimismo, la imagen del padre tiene una gran repercusión emocional en el desarrollo del niño. Un padre que está presente contribuye a crear un vínculo seguro, establece confianza, fortalece la autoestima del infante y construye una relación que influirá en toda su vida. Los niños no tienen memoria de quién les cambió más pañales, pero sí de quién estuvo con ellos, jugó con ellos y los sostuvo mientras lloraban. El padre es también un ejemplo: de amor, de compromiso, de atención, de respeto. Y eso no se enseña con discursos, sino con la presencia diaria. En numerosos hogares, ser un padre activo también significa reconsiderar los papeles tradicionales, repartir las tareas del hogar y tener la disposición de aprender, cometer errores y desarrollarse en el proceso. No hay un "padre perfecto"
Lo que importa es estar presente, prestar atención y aprender a decodificar las necesidades del infante, pero también las de uno mismo y las de la pareja. Dado que la crianza también es una labor en equipo, y el equilibrio emocional de la familia depende principalmente de que ambos se sientan respaldados. En ese sentido, el padre no solamente cuida al bebé, sino también a la madre, mantiene el vínculo familiar y contribuye a establecer una base firme. Ser un padre activo en muchas ocasiones implica hacer lo contrario a lo que uno mismo vivió. Numerosos varones fueron criados con padres que no estaban presentes o que mantenían una distancia emocional, y no es sencillo salir de ese patrón. Sin embargo, es posible Y cuando se consigue, no solo se cambia la vida del hijo, sino que además una parte de la propia historia queda sana. Ser padre hoy en día supone estar dispuesto a desaprender, a comunicarse sobre sentimientos, a cambiar estructuras y a conectar con la ternura. No es un asunto menor. También es importante mencionar que el rol del padre no es menos relevante que el de la madre; aunque son diferentes, tienen el mismo valor. Ambos contribuyen con algo exclusivo. Y cuando dicho equilibrio se logra, el bebé lo percibe. Se desarrolla con la certeza de que puede contar con los dos, de que no hay una única figura de cuidado y de que el amor tiene múltiples formas de manifestarse. No se trata de dividir tareas como si fueran obligaciones contractuales o de competir, sino de tener el privilegio y la responsabilidad compartida de educar a un ser humano. Y sí, habrá momentos complicados. Noches de insomnio, incertidumbres, temor a no hacerlo correctamente. No obstante, también habrá risas, hallazgos, abrazos que llenan el espíritu. La paternidad, al igual que la maternidad, es un camino con imperfecciones y lleno de lecciones. Se desarrolla con la certeza de que puede contar con los dos, de que no hay una única figura de cuidado y de que el amor tiene múltiples formas de manifestarse. No se trata de dividir tareas como si fueran obligaciones contractuales o de competir, sino de tener el privilegio y la responsabilidad compartida de educar a un ser humano. Y sí, habrá momentos complicados. Noches de insomnio, incertidumbres, temor a no hacerlo correctamente. No obstante, también habrá risas, hallazgos, abrazos que llenan el espíritu. La paternidad, al igual que la maternidad, es un camino con imperfecciones y lleno de lecciones
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La paternidad positiva es fundamental para el desarrollo de la niñez. Recuperado de:
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